Quisiera hacer la huella del bisonte en cine fueron las primeras palabras que se me ocurrió escribir en un email a quien luego con toda confianza llamé Héctor y a quien hoy considero un amigo, luego de las confesiones que comienzan una buena y larga amistad…

 Comienzo por el principio con un ejercicio de memoria y luego, ya voy haciendo de esto un auténtico blog…

 Todo comenzó en una visita al Templo Interno en el Centro Plaza, que de cuando en vez visito y llevada por el azar y por las ganas de leer lo nuevo venezolano, me llevé por el título que más me llamó la atención.

Pues los siguientes días no pude parar de leer, lo que además se ser una historia cargada de erotismo, era de algún modo un cuento sobre la soledad, la incapacidad de amar y de conectar con el otro sin de algún modo pervertir la relación y EN CARACAS! 

Perfecto para mis deseos de contar-me en esta ciudad, de la forma que me parece más expresiva, desde el margen desde las ramas jajajajajajjajajajaj desde las memorias que despierta la historia de Karla, una nínfula y Mario, un hombre condenado al deseo de perseguir el tiempo que ya fue, busca en sí mismo esa energía que un día se tiene y otro no, la energía de la juventud. 

Jajajajajaja Mientras leía le contaba a quien entonces era mi pareja de qué iba la historia. Al leer un capítulo, le echaba el cuento. El se disgustaba cada vez más jajajajajaj y al finalizar la lectura compartida, me dijo que la cabeza de ese Mario terminaría siendo usada como cabeza de fútbol en La Planta jajajajajaj

el novio pasó, y las ideas y obras en gestación quedan.

Este blog será el relato de cómo llevamos La huella del bisonte al cine.